Por Edith Febles

Anibel González tenía 30 años. Y murió esta madrugada a las 3. Su muerte estaba anunciada. Su expareja le manifestó varias veces que la mataría desde que estuviese libre. Ella trató de huirle a la muerte pero fracasó en su empeño. He conversado con sus amigas aquí y en extranjero. Todos los datos refieren a una mujer que huía de la muerte sin hallar caminos. El día 3 de diciembre de 2017 él le propinó 7 estocadas frente a sus hijas. Gravemente herida pudo sobrevivir. Su verdugo un reconocido empresario de San Pedro de Macorís se entregó en un ambiente de afabilidad como muestra el vídeo adjunto. Recuperada de las heridas físicas ella se volcó a estudiar. Hizo varios cursos en la Cancillería. Logró una pasantía en la embajada dominicana en Washington donde la recuerdan trabajando de forma eficaz en el departamento de visado. Todo el que tenía oídos pudo oír de sus esperanzas de lograr una designación fuera del país para salvarse. “Ella estaba dispuesta a ir a cualquier parte” me dijo una compañera. Pero terminada la pasantía vino a Santo Domingo. Al residencial donde vive llego su expareja. Pero el guardián tenía su fotografía y no lo dejó pasar. Esta semana se traslado a Moca donde comenzaron a gestionarle trabajo. Tenía cuatro días allí. Pero su hija menor de apenas tres años enfermó. Ese fue el imán que la regresó a San Pedro la mañana del viernes. Solo duró unas horas. Ella conversó con su amiga pasadas las siete de la noche. Ocho minutos después de colgar, recibió la llamada de una niña de 11 años. “Mi padre le disparó a mi mamá” le dijo. Él estaba tendido en el baño muerto. Ella herida grave pero consciente. Como la vez anterior tomó a sus hijas para huir. En el hospital estuvo consciente. Los médicos parecían esperanzados pero a las tres de la madrugada una hemorragia interna se la llevó. A su tumba van también todos los protocolos de violencia de género, todas las caminatas y todas las marchas.